CUANDO EL IDIOMA VA MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS
- 1 dic 2020
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“Traducir es un poco como traicionar”
Creo que esto es uno de los axiomas principales para los lingüistas y, aunque pueda resultar obvio, hasta cuando no se enfrente la dificultad de comunicar entre diversos idiomas, no se puede ser realmente consciente de su significado.
De hecho, una de las motivaciones por la que el mundo del lenguaje es tan complicado, es su estrecha relación con la cultura. Es decir que el esto no es simplemente un “grupo de palabras” sino un sistema que expresa conceptos y valores culturales.
Un claro ejemplo de esta constatación es lo del “esperanto”, un idioma inventado por Ludwik Lejzer Zamenhof cuyo intento era lo de tener un lenguaje común entre la mayoría de los pueblos para prevenir las guerras y facilitar la comunicación. Aunque sea utilizado por algunas personas (sobre todo de forma auxiliar), este idioma no ha tenido el éxito que deseaba y probablemente una de las mayores motivaciones es justo la cultural: puesto que, algunas palabras expresan valores que existen solo en algunas culturas, ¿cómo se traducen en los lenguajes que no tienen estos valores o principios? ¿Cómo se puede crear un sustantivo si lo que falta es el significado?
De hecho, una de las cosas que más molesta de vivir con personas de otros países, es la imposibilidad de explicar algunas expresiones típicas de lo “slang”. Por este motivo, por ejemplo, la mayoría de las veces que alguien utiliza una palabra de su dialecto, todos los otros llevan una cara llena de confusión y, a la hora de explicar el significado, esta confusión se hace más grande (o nos acabamos riendo). Y no termina aquí: lo que me parece increíble es que a veces tenemos problemas de comprensión también entre italianos debido al hecho que las mismas palabras indican significados completamente diferentes. ¿Un ejemplo? El termine “paccare” en mi dialecto significa “ligar” mientras, en lo del norte, significa “dejar plantado”. Os dejo imaginar la primera vez que hemos utilizado esta expresión en contextos desiguales.
Entonces, creo que esta es una de las motivaciones principales por la que realmente es difícil y desafiante dominar un lenguaje. De hecho, hablando también con otros erasmus, nos hemos dado cuenta de que, aunque queremos expresarnos fluidamente y de manera natural, nuestro ingles o español se para hasta lo que yo llamo “el escalón del automatismo”. Esto creo es el punto en lo que un hablante deja pensar o reflejar sobre la gramática y empieza a construir las frases de manera automática.
Todavía, esta mezcla de lenguajes no lleva solo efectos secundarios negativos, sino algunos muy divertido (sobre todo para quien ve externamente las situaciones). Por ejemplo, algo que siempre nos pasa es confundirnos entre italiano, español y ingles y, como consecuencia, combinar las palabras de estos tres idiomas o embrollarnos con la construcción de las frases, así que salgan expresiones como “pasta luego” o “va a piovere” (literalmente “va a llover”, que, pero, en italiano se diría “pioverá”).
De toda manera, estando de erasmus juntos y aprendiendo los idiomas más o menos a la misma velocidad, tenemos la posibilidad de elegir, de cada idioma, la palabra que exprese mejor el concepto que queremos decir, estando seguros de que casi todos van a entender.
Volviendo a lo del principio, entonces, ¿cuál es el valor añadido de aprender un otro idioma, sino lo de acercarse un poco más de otras culturas?
Os dejo así, con esta reflexión y con una expresión que creo puede resumir más o menos lo que he escrito:
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